sábado, 9 de junio de 2012

Evangelio en la solemnidad del Corpus Christi

Marcos 14,12-16.22-26


El primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dicen sus discípulos: «¿Dónde quieres que vayamos a hacer los preparativos para que comas el cordero de Pascua?». Entonces, envía a dos de sus discípulos y les dice: «Id a la ciudad; os saldrá al encuentro un hombre llevando un cántaro de agua; seguidle y allí donde entre, decid al dueño de la casa: ‘El Maestro dice: ¿Dónde está mi sala, donde pueda comer la Pascua con mis discípulos?’. Él os enseñará en el piso superior una sala grande, ya dispuesta y preparada; haced allí los preparativos para nosotros». Los discípulos salieron, llegaron a la ciudad, lo encontraron tal como les había dicho, y prepararon la Pascua.  Y mientras estaban comiendo, tomó pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio y dijo: «Tomad, éste es mi cuerpo». Tomó luego una copa y, dadas las gracias, se la dio, y bebieron todos de ella. Y les dijo: «Ésta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos. Yo os aseguro que ya no beberé del producto de la vid hasta el día en que lo beba de nuevo en el Reino de Dios».  Y cantados los himnos, salieron hacia el monte de los Olivos.


ORACIÓN
Oh Dios, que en este admirable sacramento 
nos dejaste el memorial de tú Pasión, 
te pedimos nos concedas venerar de tal modo 
los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, 
que experimentemos constantemente el fruto de tu redención. 
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

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