lunes, 30 de abril de 2012

San Pío V, el Papa del Rosario

La Santísima Virgen anuncia a San Pío V la victoria de las tropas cristianas sobre los turcos en Lepanto

Antonio Michele Ghiselieri nació en Bosco en 104, en el seno de una pobre familia campesina. A los catorce años ingresó en la Orden de Dominicos y, en 1528, recibió la ordenación sacerdotal. Como fraile, sacerdote, profesor e inquisidor ganó el respeto de todos por su tajante lucha contra los males de la Iglesia de su época. La fama de sus virtudes hizo que el Papa Paulo IV lo nombrara obispo y cardenal. 

San Pío V orando ante el crucifijo
Su determinación de barrer los abusos de la vida eclesial le granjeó muchas enemistades, pero su sufrimiento no amedrentó la dulzura de su carácter y su bondad. Gracias a su perfil reformador fue elegido Papa en 1566 y tomó el nombre de Pío. Sin titubeos, veló por el desarrollo de la Reforma católica contra los protestantes. Comenzando por su diócesis de Roma, elaboró una auténtica renovación espiritual en todos los ámbitos de la vida de la Iglesia. Con su propia vida testimonio la necesidad del cambio, viviendo en austeridad y piedad. 

San Pío V y el rey Felipe II agradeciendo a Ntra. Sra. del Rosario la victoria de Lepanto

Muy preocupado por el avance del poder islámico en el Mediterráneo, formó la Liga Santa con España, Venecia y Génova. Para alcanzar la derrota de los enemigos de la Cristiandad, San Pío V exhortó a los católicos a implorar la intercesión de Nuestra Señora con el rezo del Santo Rosario. Finalmente, las tropas capitaneadas por don Juan de Austria lograron una gran victoria en Lepanto el siete de octubre de 1571. Según la tradición piadosa, la mismísima Virgen comunicó a San Pío V la gran victoria que acaba de tener lugar a muchos kilómetros de Roma. Apenas unos meses después, el uno de mayo de 1572, San Pío V marchó al cielo a dar las gracias a Nuestra Señora. 

Cuerpo incorrupto de San Pío V venerado en la Basílica Patriarcal de Santa María la Mayor de Roma

domingo, 29 de abril de 2012

Evangelio del IV Domingo de Pascua



JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES




Juan 10, 11-18

Dijo Jesús: «Yo soy el Buen Pastor. El buen pastor da la vida por sus ovejas; el asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye ; y el lobo hace estragos y las dispersa; y es que a un asalariado no le importan las ovejas. Yo soy el buen Pastor, que conozco a las mías y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas. Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a éstas las tengo que traer, y escucharán mi voz y habrá un sólo rebaño, un sólo Pastor. Por eso me ama el Padre: porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para entregarla y tengo poder para recuperarla. Este mandato lo he recibido de mi Padre».




ORACIÓN

Jesucristo, tú eres mi pastor, el que dio su vida libremente para que yo, pobre oveja tuya, tenga vida. Tú me conoces mejor que yo mismo, y yo quiero conocerte cada día más. Hoy te doy las gracias por los padres que mediste: la mejor herencia que nos dejaron a hijos y nietos ha sido conocerte, creer en ti y gozar de tu amistad; y, entre los hijos, has elegido dos para el sacerdocio. Confío plenamente en que se cumplirá mi esperanza: que con ellos y mis hermanos estemos eternamente en el único rebaño del cielo, alabando siempre al Cordero. No te canses, Buen Pastor, de llamar a jóvenes y mayores a consagrarse a ti y a tu Iglesia, en la vida religiosa y en el sacerdocio.


martes, 24 de abril de 2012

¡Feliz Pascua de Resurrección!


La Hermandad Sacramental de Nuestra Señora
tiene el gozo de desearle una

¡FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN 
DE NUESTRO SEÑOR!

Aparición de Cristo resucitado a su Santísima Madre

Tras unos meses de inactividad, el blog de nuestra Hermandad quiere reintentar su andadura a través de la red para trasmitir nuestro carisma y ser una invitación a seguir el modelo de Nuestra Señora para seguir al Señor. En este tiempo hemos vivido muchos acontecimientos, incluso dolorosos, en diversos ámbitos; pero siempre guiados por la esperanza en que esta humilde obra de María será bendecida por su mano. Además de permanecer fieles a nuestro compromiso de adorar al Santísimo Sacramento durante toda la noche del Jueves Santo, también celebramos solemnemente la Octava Pascual con el Triduo a la Divina Misericordia. Que la luz de Cristo resucitado disipe nuestras tinieblas y nos haga ser fieles a nuestro carisma de servicio a la Iglesia. 

¡Reina del Cielo, alégrate; aleluya!
¡Protege a tu Hermandad!