miércoles, 13 de junio de 2012

¡San Antonio bendito, bendito eres, dile a Jesús que a la gloria nos lleve!



Si buscas milagros, mira
muerte y error desterrados,
miseria y demonios huidos,
leprosos y enfermos sanos.

El mar sosiega su ira,
redímense encarcelados;
miembros y bienes perdidos
recobran mozos y ancianos.

El peligro se retira,
los pobres van remediados;
cuéntenlo los socorridos,
díganlo los paduanos.

El mar sosiega su ira,
redímense encarcelados;
miembros y bienes perdidos
recobran mozos y ancianos.

Gloria al Padre,
Gloria al Hijo,
Gloria al Espíritu Santo,
Ruega a Cristo por nosotros,
Antonio benigno y santo,
para que dignos así
de sus promesas seamos.

Amén

sábado, 9 de junio de 2012

Evangelio en la solemnidad del Corpus Christi

Marcos 14,12-16.22-26


El primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dicen sus discípulos: «¿Dónde quieres que vayamos a hacer los preparativos para que comas el cordero de Pascua?». Entonces, envía a dos de sus discípulos y les dice: «Id a la ciudad; os saldrá al encuentro un hombre llevando un cántaro de agua; seguidle y allí donde entre, decid al dueño de la casa: ‘El Maestro dice: ¿Dónde está mi sala, donde pueda comer la Pascua con mis discípulos?’. Él os enseñará en el piso superior una sala grande, ya dispuesta y preparada; haced allí los preparativos para nosotros». Los discípulos salieron, llegaron a la ciudad, lo encontraron tal como les había dicho, y prepararon la Pascua.  Y mientras estaban comiendo, tomó pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio y dijo: «Tomad, éste es mi cuerpo». Tomó luego una copa y, dadas las gracias, se la dio, y bebieron todos de ella. Y les dijo: «Ésta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos. Yo os aseguro que ya no beberé del producto de la vid hasta el día en que lo beba de nuevo en el Reino de Dios».  Y cantados los himnos, salieron hacia el monte de los Olivos.


ORACIÓN
Oh Dios, que en este admirable sacramento 
nos dejaste el memorial de tú Pasión, 
te pedimos nos concedas venerar de tal modo 
los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, 
que experimentemos constantemente el fruto de tu redención. 
Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Carta del Obispo de Almería con motivo del Corpus Christi


«El Cuerpo del Señor, caridad que nos urge y regenera»

Queridos diocesanos:
La solemnidad del Corpus obliga este año a mirar con amor la obra de Caritas. Algunos han pretendido rebajar su alcance social y el esfuerzo que representa, quizá abochornados porque Caritas descubre los girones de una sociedad que en gran medida tiende hoy a concebir el bienestar más como fruto de unos derechos que como resultado del esfuerzo colectivo, moralmente sostenido por la honradez de la conducta y el cumplimiento del deber. Se han fomentado actitudes y formas de vida no siempre acordes con la dignidad de la persona, y no se han inculcado los deberes y el ejercicio de la justicia. Se ha ido así minando el cuerpo social en el que han hecho presa las consecuencias de un modo de entender la vida.

Empecemos por decir que Caritas es la Iglesia Católica y aquellos que simpatizan con su obra caritativa y social, la mayoría de los cuales están también bautizados y no han realizado acto formal alguno de excluirse positivamente de la Iglesia. Después, conviene también decir que fundamentalmente Caritas es la obra de cada una de las comunidades parroquiales en las cuales está institucionalizada una delegación de Caritas diocesana, organismo de coordinación y orientación en el que se hallan presentes y bien representados los distintos parroquias y arciprestazgos, y los sectores y organismos de la Iglesia diocesana sobre los que recae su labor. El Obispo preside Caritas, por sí o por medio de un Delegado Episcopal, que le ayuda y le suple según qué funciones. La Caritas Nacional, y la Regional donde la hay, es siempre una instancia de coordinación, que ni suple ni puede suplir la acción de las Iglesias diocesanas.

Caritas no se nutre con los millones de euros, muchos o pocos, que los obispos podamos aportar desde la Conferencia Episcopal. Los obispos, con sacerdotes, religiosos y fieles ponen el dinero que tiene Caritas en sus diócesis, animan e impulsan una obra que es de toda la Iglesia diocesana. Si Caritas concurre a algunas subvenciones de la administración central o regional, estas subvenciones ni cambian la naturaleza de Caritas ni la convierten en una terminal de la política social de las administraciones.
Todo esto lo saben bien los ciudadanos y los beneficiarios de Caritas, a donde acuden tantos desempleados, familias y personas particulares en estado de necesidad, sobrevenida sobre una sociedad que reclama urgente regeneración moral. Causan escándalo los finiquitos de algunos ejecutivos bancarios, los blindajes de tantos directivos supuestamente servidores del cuerpo social, pero en realidad beneficiarios millonarios de las exhaustas arcas de ahorro. Ahora la opinión pública se lamenta del despilfarro y la inutilidad de obras supuestamente públicas, porque se han hecho de los muchos ahorradores, que enriquecieron a pocos pero arruinaron a los más. La promoción del materialismo como forma de vida y del placer sin ética en una feria de licencias que sólo otorga el relativismo como filosofía y visión del mundo tiene resultados hoy amargos para una gran parte de la sociedad, pero sobre todo para los más necesitados, que siempre son las que más sufren.

La corrupción política como ocultamiento, bajo capa de bien público, de lo que en realidad es ejercicio no compartido del poder y acción privativa de los que se sirven de él para enriquecerse y nos ha llevado a la situación presente. Sin embargo, la regeneración social sólo podrá llegar, si se cambia la mente y el corazón de las personas y se vuelve a apreciar el bien común como criterio moral de participación en los beneficios de su ejercicio honrado.

La solemnidad del Cuerpo y de la Sangre del Señor trae hasta nosotros las palabras de Jesús: “Yo soy el buen pastor. El buen pastor da la vida por sus ovejas” (Jn 10,11). La Eucaristía es el sacramento del sacrificio por amor de Jesús, ofrecido al Padre como entrega de la propia vida en beneficio de los hombres, “para que tenga vida y la tengan en abundancia” (Jn 10,10). Las calles y ciudades de nuestra geografía vuelven a contemplar en estos días el paso de la custodia con el Sacramento del Amor, que transforma el alimento básico del pan en alimento de vida eterna. Se unen así los alimentos de los que vive el ser humano: «este pan, fruto de la tierra y del trabajo del hombre», como reza el ofertorio de la Misa, y el pan del cielo, en el cual se convierte el pan de la tierra, para que alimente de forma imperecedera. Esta fusión de alimentos extiende la mesa de la vida eterna en la mesa de esta vida, para que la fe eucarística siga alimentando el cuerpo maltrecho de los hombres y regenerando la sociedad comida por el egoísmo materialista.

Si entendemos este mensaje del Corpus, hemos de hacerlo vida empeñándonos todos en la regeneración de una sociedad que ha puesto a Dios entre paréntesis, y volviendo al cumplimiento de los mandamientos como única esperanza de paz social y de vida para todos. La acción de Caritas quiere ser humilde cumplimiento del mandato del Señor que recapitula los mandamientos: «Amaos unos a otros como yo os he amado» (Jn 13,34).

Almería, a10 de junio de 2012
Domingo de Corpus

+ Adolfo González Montes
Obispo de Almería


sábado, 2 de junio de 2012

Evangelio en la solemnidad de la Santísima Trinidad

Mateo 28, 16 - 20




En aquel tiempo, los once discípulos marcharon a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Y al verle le adoraron; algunos sin embargo dudaron. Jesús se acercó a ellos y les habló así: «Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo».



ORACIÓN
¡Dios mío, Trinidad a quien adoro!,
La Iglesia nos sumerge en tu misterio;
te confesamos y te bendecimos,
Señor Dios nuestro.

Como un río en el mar de tu grandeza,
el tiempo desemboca en hoy eterno,
lo pequeño se anega en lo infinito,
Señor, Dios nuestro.

Oh, Palabra del Padre, te escuchamos;
oh, Padre, mira el rostro de tu Verbo;
oh, Espíritu de amor, ven a nosotros;
Señor, Dios nuestro.

¡Dios mío, Trinidad a quien adoro!,
haced de nuestros almas vuestro cielo,
llevadnos al hogar donde tú habitas,
Señor, Dios nuestro.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu:
Fuente de gozo pleno y verdadero,
al Creador del cielo y de la tierra,
Señor, Dios nuestro. 
Amén.



Inicio del VII Encuentro Mundial de las Familias en Milán


ORACIÓN POR EL ENCUENTRO

Padre de nuestro Señor Jesucristo, y Padre nuestro,
te adoramos, Fuente de toda comunión;
protege a nuestras familias con tu bendición
para que sean lugar de comunión entre los esposos
y de vida plena donada recíprocamente entre padres e hijos.
Te contemplamos
artífice de toda perfección y de toda belleza;
concede a toda familia un trabajo justo y digno,
para que podamos tener el sustento necesario
y disfrutar el privilegio de ser tus colaboradores
en la edificación del mundo.
Te glorificamos,
motivo de la alegría y de la fiesta;
abre también a nuestras familias
los caminos de la dicha y el descanso
para gustar desde ahora aquél gozo perfecto
que nos has donado en Cristo resucitado.
Así nuestros días, laboriosos y fraternos,
serán una ventana abierta hacia tu misterio de amor y de luz
que Cristo tu Hijo nos ha revelado
y el Espíritu Vivificante nos ha anticipado.
Y viviremos alegres de ser tu familia,
en camino hacia Ti, Dios Bendito por los siglos.
Amén





viernes, 1 de junio de 2012

Intenciones del Santo Padre para el mes de Junio, mes del Sagrado Corazón


El Santo Padre concluye el Mes de Nuestra Señora

CONCLUSIÓN DEL MES DE MAYO
PALABRAS DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI

Gruta de Lourdes en los Jardines del Vaticano Jueves, 31 de mayo 2012




Queridos hermanos y hermanas:
Soy siempre muy feliz de participar en esta vigilia mariana en el Vaticano, un momento que, incluso con la presencia de tanta gente, siempre tiene una íntima y familiar. El mes en que la devoción de los fieles tiene una dedicatoria muy especial para el culto a la Madre de Dios termina con la fiesta litúrgica que conmemora el "segundo misterio gozoso": la visita de María a su prima Isabel. Este evento está marcado por la alegría expresada por las palabras con que la Santísima Virgen María glorifica al Todopoderoso por las grandes cosas que ha hecho mirar la humildad de su esclava: "Mi alma glorifica al Señor y mi espíritu se alegra en Dios Mi Salvador "( Lc 1, 46). El Magnificat es el cántico de alabanza que se eleva de la humanidad redimida por la misericordia divina, la salvación a todo el pueblo de Dios y, al mismo tiempo, es la cántico que denuncia la ilusión de los que se creen dueños de la historia y árbitros de su destino.


Por el contrario, María tiene a Dios en el centro de su vida, confiando en que se abandonó a su voluntad, en una actitud de humilde obediencia a su designio de amor. Debido a su pobreza de espíritu y humildad de corazón, fue elegido para ser el templo que lleva la Palabra, el Dios hecho hombre. Ella es, por lo tanto, la figura de la "hija de Sión" que el profeta Sofonías llama a alegrarse, a regocijarse con alegría (cf. Sof 3,14).



Queridos amigos, esta noche, volvamos nuestra mirada a María, con renovado afecto filial. Todo lo aprendemos siempre de nuestra Madre del Cielo: la fe nos invita a mirar más allá de las apariencias y la firme convicción de que las dificultades diarias serán vencidas por la victoria que ya ha comenzado en Cristo Resucitado. Esta tarde, invoquemos al Inmaculado Corazón de María con renovada confianza para dejarnos contagiar de su alegría que brota de lo más profundo de la esperanza en el Señor. La alegría, el fruto del Espíritu Santo, es fundamental distintivo del cristiano: se basa en la esperanza en Dios, que encuentra su fuerza en la oración incesante, en la serenidad que hace frente a las tribulaciones. San Pablo nos recuerda: "Alegraos en la esperanza, sed constantes en la tribulación, permaneced en la oración" ( Rm 12, 12). Estos son como un eco a las palabras del Magníficat de María, y nos exhorta a nosotros mismos a reproducir en nuestra vida cotidiana, los sentimientos de la alegría en la fe propios en el cántico de María. 



Me gustaría desear a todos y cada uno de vosotros, queridos hermanos y hermanas, venerados cardenales, obispos, sacerdotes, personas consagradas ya todos los fieles, que esta alegría espiritual, que se ha filtrado desde el corazón lleno de gratitud a la Madre de Cristo y Madre nuestra, y al concluir este mes de mayo, más gracia en nuestras mentes, en nuestra vida personal y familiar, en todos los ambientes, sobre todo en la vida de esta familia que está aquí en el Vaticano, en toda la Iglesia Universal. ¡Gracias a todos!